ENSAYO SOBRE STAND UP Y AUTOFICCIÓN
- 5 jul 2018
- 14 Min. de lectura
Actualizado: 11 abr 2020
Artículo sobre el Stand Up Comedy y la Autoficción en el trabajo de la comedianta chilena Natalia Valdebenito.
Realizado para el curso de "Taller de Investigación Teórica"
1er Semestre, 2018
Escuela de Teatro, Facultad de Artes, Pontificia Universidad Católica de Chile
“Natalia Valdebenito y autoficción: realidad e imaginario”
Por Nerea Lübbert Retuerto
Resumen:
En el presente trabajo se analiza el Stand-up comedy de Natalia Valdebenito a partir del concepto de autoficción aplicado a su performance. A pesar de ser un concepto proveniente de la literatura, la autoficción se puede aplicar de igual manera a la práctica teatral. Se describen los procedimientos actorales y dramatúrgicos que Natalia emplea tanto a la hora de escribir sus propios relatos, como al momento de actuarlos. De esta forma se busca comprender la construcción de la autoficción en sus rutinas de Stand-up. Para llevar a cabo este análisis se realizó una entrevista con Natalia y fueron estudiadas tres de sus rutinas de Stand-up. Se enfocó el estudio hacia la búsqueda de los elementos fácticos y ficcionales de sus narraciones, así como la identificación de los recursos actorales utilizados al momento de llevar estos relatos a la performance. Este material y el apoyo de diversos textos teóricos sobre autoficción y Stand-up comedy facilitaron un resultado que responde a la necesidad inconsciente por parte de los comediantes de Stand-up de autoficcionarse, así como a la importancia de entrelazar hechos verdaderos con relatos ficticios en la comedia. Se concluye, en tanto, que el componente absurdo y ridículo que se puede desprender de una historia creada únicamente a partir del imaginario del autor es un elemento esencial en la construcción del humor. Sin embargo, es necesario el componente verdadero y fáctico que ancle el discurso ficticio al mundo real y lo haga verosímil dentro de su propio lenguaje.
Palabras claves:
Autoficción, Natalia Valdebenito, Comedia, Stand-up comedy, Realidad y Ficción.
El Stand-up comedy en Chile es una práctica que ha surgido recientemente y cada vez ha adquirido más fuerza. Si bien la profesión de los comediantes de Stand-up no influye mayormente en su desempeño, sin duda el oficio actoral entrega muchas herramientas a la hora de subirse a un escenario.
Este formato de comedia se ha considerado, desde sus orígenes, una práctica más bien masculina, sin embargo las mujeres no se han quedado atrás. A pesar de haber sido un camino difícil para el género femenino, este ha sabido posicionarse como un igual en el oficio de comediante. Este arduo camino se instala en la línea de lo planteado, donde no se espera que las mujeres hagan reír, por ende, no se les entrena para hacer chistes en esta sociedad (Auslander, 1997). Esta afirmación ha sido quebrantada por numerosas mujeres comediantes que han sabido sobreponerse al machismo existente dentro del arte.
El Stand-up permite a los artistas expresar sus opiniones y entregar discursos a partir de un relato divertido. No parece extraño, entonces, que tantas mujeres en Chile y el mundo se hayan apoderado de estos escenarios para plantear sus puntos de vista y expresar las injusticias que existen en torno a su propio género.
En este ensayo se analizará, desde el concepto de Autoficción, el trabajo actoral de la comediante chilena Natalia Valdebenito, respondiendo a la pregunta: ¿Cómo se construye la autoficción en las rutinas de Stand-up comedy de Natalia Valdebenito? Se espera comprender la construcción de sus rutinas de Stand-up tanto desde la creación del relato (dramaturgia de la rutina) como desde la performance en el escenario (recursos actorales utilizados). Todo esto se enmarca en una investigación que permitirá a la autora de este ensayo poder aplicar dichos aprendizajes en su propio trabajo actoral con respecto a la comedia y su propia autoficción.
Natalia Valdebenito es una comediante de Stand-up comedy chilena de 39 años. Actriz de profesión, su trabajo con el Stand-up se hizo conocido en el programa de televisión “El Club de la Comedia” de Chilevisión. En el año 2016, participó en el Festival Internacional de Viña del Mar y tras su triunfo en dicho escenario su carrera se hizo reconocida tanto nacional como internacionalmente. Hoy en día Natalia hace giras por todo Chile y Latinoamérica con sus shows de larga duración y dos de sus rutinas se pueden visualizar en la plataforma Netflix.
El concepto a analizar en este ensayo con respecto a su trabajo humorístico es la autoficción. Proveniente de la literatura y creado por Serge Doubrovsky en 1977, la autoficción, según Escartín (2010) es:
(…) una forma de escritura que presenta una historia verdadera a través de un discurso ficticio en el que el autor se convierte a sí mismo en sujeto y objeto de su relato, no dudando en involucrar hasta su nombre para proponer un pacto de lectura que imite los principios del pacto autobiográfico, al mismo tiempo que los subvierte. (p.4)
Este concepto pertenece, en sus orígenes, a la literatura y no se puede aplicar a la práctica teatral y a la performance sin re-definir y modificar algunos aspectos. Si utilizamos la misma definición antes mencionada, podríamos traducirla como: una forma de narrativa (guión o dramaturgia) que presenta una historia verdadera a través de un relato ficticio en el que el autor/performer se convierte a sí mismo en sujeto y objeto de su relato, no dudando en involucrar hasta su nombre para proponer un pacto teatral (entre performer y espectador) que imite los principios del pacto autobiográfico, al mismo tiempo que los subvierte.
Con respecto a la definición anterior, hay algunos conceptos claves subrayados en los que hay que detenerse y explicar:
1. ”Historia verdadera”: Se relaciona con el concepto de realidad, es decir, no-ficción. Tiene que ver con lo fáctico.
2. ”Relato ficticio”: Se relaciona con la ficción, es decir, lo contrario a realidad. Es un concepto que se vincula al imaginario propio del autor del relato.
3. ”Ser sujeto y objeto del relato”: Se relaciona con el concepto de autobiografía y personaje. Dentro de esto entra la idea de que el autor, el narrador y el personaje de una obra son la misma persona, es decir, el que escribe y narra el relato es, a la vez, de quién se habla en la narración.
4. ”Involucrar hasta su nombre”: En muchos ejemplos de autoficción “(…) autor, narrador y protagonista comparten una misma identidad nominal (…)” (Lecarme en Reisz, 2016, p.75). Es decir, el nombre de nacimiento del autor es el mismo que el del personaje que interpreta, asimismo el del narrador. En el caso de Natalia Valdebenito ocurre esto mismo.
5. ”Pacto autobiográfico”: Esto se vincula con la misma noción de realidad antes mencionada, en donde el autor/narrador/personaje expone un hecho real de su vida. Este es el núcleo de la autoficción, y sólo un espectador que conozca en la vida cotidiana al autor/narrador/personaje puede saber qué cosas realmente le ocurrieron y qué cosas fueron inventadas (ficción). Es ahí cuando entra el último concepto que vuelca el “pacto autobiográfico”:
6. “al mismo tiempo que los subvierte”, es decir, se juega con la autobiografía y su contrario, la ficción.
Autoficción en Natalia Valdebenito:
Para llevar a cabo este análisis, visualicé y estudié los shows de Natalia, exclusivamente los de larga duración: sus dos rutinas de Netflix y la del Festival de Viña del mar. En una primera instancia me centré en el discurso; en todos aquellos momentos en los que se refiere a ella misma en primera persona. Por ejemplo, cuando dice: “Yo soy Feminista”, “Yo soy Celosa”, “No me gustan los animales” o “No quiero tener hijos”. A partir de estos momentos, realicé una lista de afirmaciones sobre ella misma que señala en sus shows.
En una segunda etapa, la entrevisté. En un comienzo tenía planificado entrevistarla en tres oportunidades, pero, debido al tiempo reducido en que finalmente se realizó la investigación, sólo pude entrevistarla una vez. En esta única entrevista enfoqué las preguntas dentro del marco de la autoficción. Estas fueron orientadas hacia el surgimiento de los temas de sus rutinas; qué cosas forman parte de su biografía y qué cosas fueron invento suyo, así como el carácter fáctico de sus afirmaciones; si ella realmente es feminista, celosa y si de verdad no le gustan los animales y no quiere tener hijos. Todos estos enunciados los afirma en sus shows.
Luego de realizar la entrevista, volví a ver sus shows, identificando los momentos y chistes a los que Natalia se refería en la entrevista; aquellos que señaló como cosas reales que le ocurrieron y aquellos que pertenecen a su imaginario. En esta etapa comencé a analizar la manera en que ejecuta dichos momentos en el escenario, el como los performa, identificando los recursos actorales que utiliza: inflexiones vocales, cambios de corporalidad, gestos y manejo de los ritmos.
A partir de estos procedimientos y el análisis del texto “Formas de la autoficción y su lectura” de Susana Reisz (utilizado para comprender en detalle cómo funciona la autoficción) puedo afirmar que Natalia se autoficciona. Esto se evidencia, en una primera instancia, en su nombre artístico, que es el mismo que su nombre de nacimento: Natalia Valdebenito. Por otro lado, en la entrevista menciona que ella escribe sus propias rutinas a partir de situaciones que le pasaron, que escuchó de otra persona, que vio y que se imagina. A partir de este material selecciona lo que le pueda servir para el desarrollo de su narración y, que a su vez, exprese su punto de vista. Esto se evidencia en sus rutinas en los distintos momentos en que se interpreta a ella misma o a un personaje y, en cuanto a la construcción del relato, se puede relacionar con lo que expresa Reisz (2016):
(…) el autor construye secuencias de sucesos y de acciones sobre la base de testimonios de terceros, (…) Además, refiere sentimientos y pensamientos de los actores reales de los crímenes, como si hubiera estado en sus mentes, e incluso construye diálogos que no son transcripción de grabaciones, sino reconstrucciones imaginarias de lo que se dice que se dijo o de lo que pudo ser dicho. (p. 81)
Por otro lado, en la entrevista Natalia menciona la importancia del ejercicio físico y el deporte para los comediantes de Stand-up, ya que para mantener un show de dos horas se necesita mucha energía. Gracias a un entrenamiento constante ella logra un cuerpo extra cotidiano en escena con manejo de los ritmos, de la espacialidad, de sus movimientos corporales e inflexiones vocales; es capaz de construir con su cuerpo y su voz distintos personajes y recrear situaciones utilizando, en determinados momentos, la pantomima. Este manejo escénico facilita la expresión de la autoficción en la performance, mezclando (según se estime conveniente de acuerdo al objetivo de la narración) lo que es real y lo que es ficción. Según lo señalado “Entre el fantaseo rememorativo, la apropiación de un rol, la teatralización de las propias emociones y la ficcionalización del yo, hay zonas de deslizamiento que dificultan el establecimiento de fronteras.” (Reisz, 2016, p.81). Gracias a este manejo físico Natalia se apodera del escenario y es capaz de evidenciar los momentos en que interpreta a otra persona, los momentos en que se interpreta a sí misma y los momentos en que se fusiona a sí misma con un personaje en pos de ridiculizar sus propias conductas. Así genera la autoficción tanto en el discurso como en su performance; con su cuerpo, su voz y el espacio.
Para que exista autoficción son necesarios dos elementos fundamentales: lo real y lo ficticio. Si en lo que se narra existe un hecho real y un hecho ficcional, ya hay autoficción. Bajo esa premisa, lo que menciona Natalia sobre la construcción de los chistes en sus rutinas tiene tanto el elemento real y biográfico (situaciones que le pasaron) como el elemento ficcional (situaciones que se imagina o que escuchó de otra persona y las hace propias).
A continuación se analizará un caso específico en el que se evidencia lo anteriormente analizado. En la entrevista Natalia menciona un chiste que es parte de su especial de Netflix. En este dice el siguiente enunciado: “Yo perdí un hijo”. La autoficción es clara. Se expone un hecho real y biográfico: ella perdió un hijo. El elemento ficcional aparece inmediatamente después, cuando agrega “de una amiga… en una playa”. Así construye una ficción a partir de un hecho real.
En este caso Natalia se distancia del hecho real que le ocurrió, ubicándolo dentro del marco de la ficción y apelando al imaginario colectivo (a muchas personas se le han perdido sus hijos en la playa). De esta forma ella se protege de la exposición excesiva de su vida cotidiana y lo resuelve escénicamente. Si no existiera dicha protección, dicha máscara ficcional, se perdería el límite entre autoficción y realidad pura y podría significar, para el artista, revivir el hecho traumático, dando pie a una posible re victimización. Se convertiría en una suerte de testimonio, enfocando el discurso hacia una historia con tintes dramáticos, alejándose de la comedia.
En la rutina Natalia habla sobre que no quiere tener hijos (lo cual también es real) y expone todos los motivos de por qué no quiere tener hijos. Finalmente menciona: “Todo esto es por algo, por supuesto. Hace un tiempo atrás yo perdí un hijo” y a continuación se escucha su respiración en el micrófono. En ese momento el público no se ríe, se queda en silencio. El espectador se pierde en el objetivo de la convocatoria: están ahí para ver comedia, no drama. Se genera una atmósfera de incomodidad y tensión que luego ella quiebra agregando: “de una amiga… en una playa”. Entonces el público se relaja y ríe a carcajadas.
Para que este chiste genere humor tiene que existir un manejo escénico determinado. Manejar los tiempos, la voz y el cuerpo; decir el enunciado con seriedad y gravedad, dejar un silencio y respirar, así se produce una tensión que luego se rompe. Natalia construye la narración escénicamente jugando con los ritmos; dice el primer enunciado de manera lenta, se tambalea y mira al piso, como si estuviese recordando y exponiendo un momento doloroso de su vida (lo cual es cierto). Así produce una sensación de realidad, de testimonio, de biografía. Luego deja un silencio y dice rápidamente: “de una amiga”. Al mismo tiempo señala al público con el dedo, abre mucho los ojos y levanta las cejas, como queriendo aclarar la situación. El público se ríe con timidez, pues el hecho de perder al hijo de una amiga sigue siendo grave. Luego agrega, nuevamente con rapidez y repitiendo el mismo gesto: “en una playa” y a continuación mueve su mano de manera circular con la palma hacia arriba, como queriendo aclarar que la situación no fue tan grave como parecía; entonces la risa de la audiencia aflora con fuerza. El espectador fue víctima del engaño; le presentan un hecho dramático que luego se subvierte completamente. Segundos más tarde Natalia evidencia ese engaño riéndose del público, apuntándolos con el dedo y haciendo un gesto con su mano como si les estuviese disparando con una pistola de pantomima (con sus dedos), un gesto y una sonrisa queriendo decir: “¡Ja ja! ¡Los engañé!”.
Es importante señalar algo que Natalia menciona en la entrevista cuando se refiere a este chiste: “Mis amigas enojadas porque yo estaba haciendo un chiste con la hueá, nadie lo podía creer… Mis amigos: “¡Va a hablar del tema!” y yo “...de una amiga” y ellos “¡Maraca! ¡Lo dijo y no va a decir nada!”... Hasta qué punto usas tu realidad, yo creo que hay que darle con todo nomás, si es control tuyo cómo la usas”. Los amigos de Natalia que conocen la historia de cuando perdió un hijo saben que es cierto, saben que es real y no pueden creer que lo use para un chiste y lo exponga de esa manera ante miles de personas. En ellos se genera aún más incomodidad, ya que tienen la certeza de que el hecho es real, no obstante, ella los sorprende agregando la ficción a la historia.
Es importante señalar que la autoficción puede significar, para el artista, una salida terapéutica a un hecho traumático. Sin embargo, lo analizado en este escrito tiene que ver con el oficio actoral y no se va a ahondar en el carácter psicológico de este concepto.
Además del caso analizado anteriormente, existen otros momentos dentro de las rutinas de Stand-up de Natalia Valdebenito donde se hace presente la autoficción. Esta se evidencia en el uso del tiempo verbal, específicamente cuando habla en primera persona. Como mencioné anteriormente, hay momentos en los que Natalia actúa de otros personajes; pone distintas voces, adopta ciertas posturas corporales, etc. Luego, hay otros momentos en los que habla desde ella acerca de otras personas y se refiere a estas en tercera persona: “Hay mujeres que…”, “Hay hombres que…”, “Hay políticos que…”. Pero, en todas sus rutinas siempre existen momentos en los que habla en primera persona: “Yo soy celosa”, “No me gustan los animales”, “Yo soy feminista”, “No quiero tener hijos”, etc.
Respecto a estos enunciados, le pregunté a Natalia si efectivamente ella es celosa, feminista, si no le gustan los animales y si no quiere tener hijos. Su respuesta fue afirmativa, todas estas frases son ciertas, pero revisemos el primer enunciado: “Yo soy celosa”. Con respecto a este Natalia señala: “En el escenario también exacerbo lo que no me gusta de mí. Los celos al igual que la muerte y mi miedo a ella, son cosas que no disfruto y aprovecho el escenario para limpiar. No soy celosa “normal”, pero sí lo he sido y con eso ya vale”.
Entonces, ella toma este elemento real, utiliza su biografía y recuerda una oportunidad en la que fue celosa, y, a pesar de que no lo sea siempre, lo menciona como un hecho. El elemento ficcional aparece después, cuando se explaya sobre el tema y crea una rutina llena de chistes sobre sus celos. Comienza a exagerar todo, lo exacerba, crea un relato a partir de un hecho real y lo teatraliza a partir de su imaginario, extrema su emoción al punto de rozar el ridículo. Al momento de llegar al ridículo, debido a lo absurdo de las situaciones que menciona y la forma en que las interpreta, se genera la comedia. Además, utiliza el imaginario colectivo que existe alrededor del concepto de los celos y el público se ve reflejado en la historia, se siente identificado e identifica esta emoción en su realidad propia. Sobre esto último se refiere Reisz desde el plano de la literatura (aplicable de igual manera a la práctica teatral): “Sabemos que no es lo mismo tener que acomodar nuestra imaginación lectora a historias ubicadas en sociedades, momentos y lugares geográficos fácilmente identificables o tener que pensar en espacios, personajes y sucesos totalmente ajenos a nuestra experiencia de realidad.” (Reisz, 2016, p.84-85). Al momento en que ocurre la identificación del espectador con el relato, se completa la historia y florece la risa.
Respecto a este mismo caso, la autoficción se evidencia en, además de la narración, la actuación. Natalia dice: “Yo soy celosa” con una voz rasposa y hace un gesto facial popularmente reconocible como una “cara de loca” (abre mucho los ojos y levanta las cejas). Entonces dice: “Soy celosa. Pero celosa normal. Paranoia normal, inventar hueás normal…”; se aleja de ella misma y se convierte en un personaje. Cambia radicalmente de postura física: abre las piernas y las dobla levemente, baja su tronco y adelanta la pelvis. Además, abre mucho los ojos, levanta las cejas y junto con su voz áspera se puede identificar claramente que está actuando. Esto se diferencia de otros momentos de su rutina donde habla con su tono de voz propio y adopta una postura neutra. Se transforma y se convierte en una mujer con rasgos psicopáticos (según mi interpretación de sus gestos) para hablar de los celos. Se podría pensar que es pura actuación, que es un personaje más. Sin embargo, el elemento autobiográfico es evidente; Natalia realmente ha sido celosa.
Luego de este análisis y a modo de conclusión, se entiende por qué la autoficción es un elemento tan utilizado por los comediantes de Stand-up comedy. La comedia tiene un componente importante de exposición de uno mismo y de reírse de aquellas situaciones que nos parecen ridículas o absurdas. Bajo esta idea, autoficcionarse adquiere mucho sentido. La exposición propia se ve protegida bajo una máscara de ficción. Se puede hablar de otro, reír de otro y ridiculizar el pensamiento de otro individuo. Mientras se haga propio y se relate en primera persona es posible decir lo que se desee en pos a la entrega de un mensaje con un punto de vista auténtico. Parece poco ético reírse de otra gente, pero no reírse de uno mismo. Cada sujeto se puede denigrar todo que quiera, entendiendo que se trabaja con la autoficción y que esto no los define realmente.
La ficción y el imaginario, el producir un relato que resulte absurdo y que sea difícil de identificar como un hecho real (aunque sí lo sea) son elementos fundamentales en la comedia. El comediante de Stand-up se ríe de sí mismo, se expone y narra sus vivencias por muy dramáticas y dolorosas que sean, pero, gracias al elemento ficcional agregado, se produce un vuelco en la situación. Se subvierte una historia dramática que puede producir lágrimas a la inminente risa. Se genera la comedia. Para que esta exista tiene que haber un anclaje a tierra: un cable a la realidad que luego se rompa al instante en que emerge la ficción. De esta forma brota el absurdo y así, aflora el humor.
Referencias bibliográficas:
Auslander, Philip (1997). “Brought to you by Fem-Rage” en From Acting to Performance. Londres: Routledge
Escartín, Montserrat (2010). “La autoficción” en Del autoconocimiento a la autoficción. Revista Ínsula, Núm. 760
Reisz, Susana (2016). Formas de la autoficción y su lectura. Pontificia Universidad Católica del Perú. Lexis Vol. 40, Núm. 1

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